Por: Yunier Javier Sifonte Díaz
Cuando hace menos de un mes en Cuba se hablaba de los Juegos Olímpicos casi todos se preguntaban si sería posible cumplir el objetivo de terminar entre las veinte primeras naciones del medallero. En cada análisis varios argumentos eran comunes. A la pérdida de la hegemonía en los últimos Juegos Centroamericanos y del Caribe y el bajón en la cita panamericana de Lima, se le unían la pausa por la COVID-19, el déficit de competencias internacionales y la reducción en el número de atletas clasificados.
Para los más pesimistas parecía imposible cumplir una buena faena en medio de ese panorama. Para otros el propósito era posible. Sin embargo, muy pocos tal vez esperaron un rendimiento incluso por encima de aquellas proyecciones. Y justamente eso fue lo que sucedió.




