Mi jefe en el periódico Granma me guardó por dos años las llaves de la gaveta pequeña del buró, todo lo que tenía en la computadora, el archivo repleto de papeles y hasta mucho después todavía mi silla de trabajo tenía mi nombre. Se resistía a pensar que no volvería al diarismo y que el aula universitaria me atraparía irremediablemente después de los 50.
Pero por más que pasen los años, el periódico Granma en el que trabajé por casi 20 años está en mi memoria afectiva y las estancias del alma. Es Granma y su gente, es Granma y lo que significaba entonces ser de Granma. Es Granma y llegar un equipazo a cubrir un evento “sonado” al Palacio de las Convenciones, capitaneados por Susana Lee y Roger Ricardo y saber que nuestras “actas capitulares” las consultaría al día siguiente el resto de la prensa.

