por;Reinaldo Cedeño
Ahora puedo. Ahora puedo evocar. Treinta años después, puedo. Entonces, cuando la jaba pendía de mi hombro, cuando rezaba para que no quedara un cucurucho, ni uno solo; cuando desandaba por Santiago, con sus cuatro soles… no había letras que escribir ni crónicas que contar.
Me iba a buscar el maní a Velasco, al ex granero de Cuba, Oriente adentro. A la tierra, a por la Arachis hypogaea, a por el cacahuete. Apretaba los granos al regreso, en aquel tren destartalado, como quien aprieta la esperanza.

