por: Enrique Milanés León
Una especie de leyenda urbana insiste en la mala suerte del presidente Miguel Díaz-Canel: el avión, el tornado y ahora el hotel Saratoga, afirman y no falta en el cortejo quien le agregue a las «marcas en su cinto» hasta el azote de un virus que se convirtió en pandemia —¡término que ya le presupone al SARS-CoV-2 un alcance planetario, más allá de nuestra cayería!— aunque él, conduciéndonos, haya podido conjurarlo como pocos colegas suyos en el mundo.
¿Liderazgo, victorias, avances…? No valen razones: la «mala letra» le persigue, según dictamina con torcida caligrafía un segmento que parece creer que a él le importe esa superstición. Viéndolo trabajar como le vemos, no parece que consulte oráculos antes de ir a pelear, cual solían hacer, por si las moscas, unos cuantos guerreros mitológicos.


